
Nuestro compañero Miguel Ángel Gómez, Gus, ha sido elegido como “Republicano de Honra” por parte de la Comisión pola Recuperación da Memoria Histórica de Coruña, un merecido homenaje para un veterano luchador antifranquista. Gus fue detenido por primera vez en diciembre de 1971, con apenas 18 años. Durante tres días sufrió malos tratos en la Dirección General de Seguridad. Volvió a ser detenido en 1973 y en esa ocasión fue sometido a torturas durante siete días en ese siniestro edificio de la Puerta del Sol de Madrid. Por estas torturas y a través del equipo jurídico de CEAQUA, interpuso querella contra Antonio González Pacheco, alias Billy el Niño y otros policías, en 2018 y, aunque en un primer momento su causa fue admitida, al final se rechazó en primera y segunda instancia, sin obtener tampoco el apoyo del Tribunal Constitucional a su recurso de amparo. Un camino que han seguido prácticamente las más de 125 querellas interpuestas contra los crímenes del franquismo.
En las múltiples entrevistas que se le han hecho con motivo de los actos de reconocimiento, Gus ha destacado sobre todo la continuidad de estructuras del régimen tras la transición y cómo la Ley de Amnistía de 1977 actuó como una “ley de punto final”, impidiendo juzgar los crímenes del franquismo, criticando especialmente lo que denomina una “reconciliación perversa”, que equipara a víctimas y verdugos y deja en el olvido a quienes sufrieron la represión.

Las consecuencias de estos hechos fueron que las víctimas no obtuvieron justicia ni reconocimiento suficiente, los responsables no fueron juzgados y la mayoría de ellos continuaron en sus puestos e incluso recibiendo condecoraciones. Actualmente, la querella argentina es uno de los pocos espacios donde se investigan estos crímenes bajo el principio de justicia universal.
Considera nuestro compañero que todavía existen torturas en las comisarías ya que quienes las cometen siguen disfrutando de impunidad o, como poco, de cierta comprensión de los mandos y de los jueces, aunque las organizaciones de derechos humanos continúan luchando contra estas prácticas abusivas.
La Comisión pola Recuperación da Memoria Histórica (CRMH) de Coruña ha organizado un programa especial con motivo del Día de la República, con la participación de Miguel Ángel Gómez, Josu Ibargutxi y Enrique Gesalaga (estos últimos, presos de la cárcel de Segovia que participaron en la fuga del 5 de abril de 1976).
En la entrega del reconocimiento al compañero Gus participó el presidente de la Diputación, Valentín González Formoso, la diputada Soledad Agra y Carlos Babío, presidente de la CRMH.
También se celebró una mesa redonda con testimonios de antiguos presos políticos: Celsa Díaz Cabanela, Marisol García Juárez, Manuel Villares Creo, Sari Alabau y Marga Vázquez Veras.
El propio Día de la República, el 14 de abril, se realizó una ofrenda floral en el memorial de Xermolos (Avenida de Navarra) y la entrega oficial de la distinción de Republicano de Honra a Gus. A las celebraciones asistieron muchas compañeras y compañeros de Galicia, entre ellas la eurodiputada del BNG, Ana Miranda, entrañable compañera activista de la memoria.

El trabajo de asociaciones memorialistas, testimonios como el de Gus y actos públicos como estos son fundamentales para evitar el olvido porque no puede haber verdadera democracia sin memoria, verdad y justicia. Así lo ha entendido la CRMH de Coruña, dedicando los actos de celebración del aniversario de la República a los hombres y mujeres que en los últimos años de la dictadura se organizaron y lucharon con gran valor, a pesar del riesgo de sus propias vidas ¬–como sucedió con demasiados compañeros–, para derrocarla y después siguieron peleando por una ruptura democrática contra la transición pactada y sangrienta que les tocó vivir.
Es de destacar la importante labor de difusión mediática llevada a cabo por la CRMH y el trato tan solidario, emotivo y cariñoso con que han celebrado estos actos que suponen un reconocimiento y una reparación social que ayuda a aliviar los graves daños personales que sufrieron las personas torturadas y encarceladas, olvidadas y despreciadas después por los pactos de impunidad de la transición.
Muchas gracias a los compañeros y compañeras que lo han hecho posible.


