
Nada dice tanto sobre la esencia de un régimen político como su final.
En septiembre de 1975 el principio y el final de la dictadura franquista se dieron la mano.
Un régimen construido sobre ríos de sangre certificó su agonía con el asesinato de cinco luchadores antifascistas que, generosamente, habían arriesgado su vida para poner fin a la última dictadura fascista de Europa.
En ese momento crítico, el franquismo mostró su verdadera cara y fue absolutamente fiel a sí mismo: las detenciones, torturas, el simulacro de justicia y el asesinato de aquellos cinco antifascistas resumen a la perfección la historia de la dictadura franquista.
El franquismo fue eso.
Y en septiembre de 1975, el mismo Franco certificó su paso a la posteridad como lo que había sido durante toda su vida: un asesino.
En ese camino le acompañaron los policías torturadores, los militares que participaron en los consejos de guerra, los ministros que estamparon su firma en los acuerdos que ratificaron las condenas y los policías y guardiaciviles voluntarios que llevaron a cabo los fusilamientos.
Todos fueron asesinos y responsables de los crímenes de lesa humanidad que quitaron la vida a Txiki, Otaegui, Humberto, Ramón y José Luis.
50 años después, no los hemos olvidado. Y nunca los olvidaremos.
Honor, memoria y reparación para ellos.
Y justicia para sus asesinos. A los que tampoco vamos a olvidar.
Jesús Rodríguez Barrio
(A continuación, publicamos los carteles convocatorios de los actos sobre el 50 aniversario de los fusilamientos del 27 de septiembre que se celebrarán en las próximas semanas en Madrid.)


