Artículo originalmente escrito Paloma García en la revista del décimo aniversario de la creación de La Comuna. Se puede leer la revista aquí https://es.scribd.com/document/554049511/Revista-10%C2%BA-aniversario#from_embed

En este artículo no queremos destacar las bondades de Chato de las que tanto ya se ha escrito, sino destacar su figura de luchador incansable en cuya esencia no cabía la derrota. 

El objetivo de la batalla era poner fin a la impunidad de los crímenes contra la humanidad del franquismo y conseguir el acceso a la justicia de todas aquellas personas que sufrieron estos crímenes. Su principal arma: la tenacidad y el compromiso. Sus estrategias: la vía jurídica, política y social. Su visión era clara: “Este país no será una democracia como es debido hasta que eso no se haya solucionado. Y no se habrá solucionado hasta que siga habiendo un solo cuerpo en una cuneta, hasta que no haya justicia para todas las víctimas de esa dictadura, porque sin justicia no hay verdad. Sin justicia no hay reparación. Mi primera y única reparación es que se haga justicia (…)”. 

Chato empezó la vía judicial en Argentina uniéndose a su incansable amigo Carlos Slepoy. Tenían claro que el muro de impunidad en España solo podría empezar a romperse desde la justicia de otro país. Sin embargo, para que la querella argentina se convirtiera en una herramienta judicial eficaz necesitaba un verdadero respaldo social y político. Empezó entonces una ingente labor de sumar a víctimas, entidades, movimientos sociales, ayuntamientos, que se fueron uniendo a la causa hasta llegar a más de mil personas e instituciones vinculadas. 

Se han conseguido grandes hitos como la imputación, en el año 2014, de veinte personas, entre las que se encontraban otros ex ministros franquistas, policías, jueces y un médico, por crímenes contra la humanidad o el procesamiento de Rodolfo Martín Villa, hace tan solo unos meses. 

A pesar de estos logros en la querella Argentina, Chato tenía la firme convicción de que estos crímenes debían ser juzgados en el Estado español y que el principal obstáculo no era judicial sino político. Se impulsan así diferentes acciones judiciales como la presentación de querella individuales y las querellas de los ayuntamientos en los tribunales españoles. Pero seguía siendo imprescindible el apoyo social y político en esta batalla. 

Con este objetivo promueve la creación de un intergrupo sobre memoria y derechos humanos en el Parlamento español desde el cual desarrollar las iniciativas legislativas necesarias para acabar con la impunidad y un intergrupo en el Parlamento europeo para trasladar a Europa esta vergonzosa situación. Con su tenacidad, logró traer al Relator especial de Naciones Unidas para la promoción de la verdad, la justicia, la reparación y las garantías de no repetición, Fabián Salvioli, al Congreso de los Diputados donde dejó claro que la impunidad continúa porque no hay voluntad política. 

Chato consideraba necesaria la movilización social no delimitándose al memorialismo sino uniendo en la batalla a los sindicatos, a los diferentes movimientos sociales como el ecologísta, feminista, vecinal o de derechos humanos y a las universidades.  Comunicador nato podías caer en sus redes por su relato cercano, sincero y su sonrisa o derrumbarte ante un discurso duro y un dedo índice amenazante. Esto le llevó a tener grandes compañeros en la batalla. 

Además de la movilización social quería poner fin al silencio y al olvido impuesto en la sociedad española. Tuvo el privilegio de contar con el documental “El Silencio de Otros”, de Almudena Carracedo y Rober Bahar, como herramienta para transmitir la importancia de luchar contra la impunidad en el presente, mirando el pasado, por un futuro. Ha servido de escaparate con millones de visualizaciones, charlas en centros educativos, y su proyección desde las sedes de Naciones Unidas hasta el último centro social ocupado.  

En la Asamblea de La Comuna de febrero de 2020, la estrategia era clara: unirnos con todos los movimientos posibles para conseguir que la calle fuera un clamor, como en Argentina, y llevar ante los tribunales a los culpables de delitos de lesa humanidad. 

El fallecimiento de Chato refuerza esta estrategia. Ahora, el trabajo que desplegaba solo una persona la asumimos entre 10 pero con la misma convicción y tenacidad y con la misma firme convicción de que unidos llegaremos a la victoria final: judicial, política y social. 

Necesariamente terminamos con su frase “Aquí no se rinde nadie”