October 21, 2018

Vidas rotas y vidas criminales

Entre los cinco últimos fusilados por el franquismo en aquel aciago 27 de septiembre
de 1975, estaban dos que, según la legislación de entonces, eran casi menores de edad
pues sólo contaban 21 años de edad: Juan Paredes Manot “Txiki”; y José Luis Sánchez-
Bravo.

Hoy no estarían ni siquiera jubilados pues sólo tendrían 64 años.

Entre los ministros que firmaron sus sentencias de muerte, viven aún Fernando Suárez
González –en aquel entonces Vicepresidente 3º y ministro de Trabajo- quien, a sus 85
años, jamás ha dado muestras de contrición sino todo lo contrario. Y Antonio Carro
Martínez, 95 años -ministro de Presidencia del Gobierno- quien, huelga añadirlo, pese
a la cercanía de su comparecencia ante su Juez Supremo, todavía presume ‘en la
intimidad’ de haber derramado sangre ajena.

Lamentablemente, no sabemos nada de la suerte actual de las cuadrillas de
voluntarios de la Policía y de la Guardia Civil que formaron los pelotones. Ni tampoco
sabemos de aquella patulea de colegas que fueron a jalearlos, borrachos y vestidos de
boda -Billy el Niño entre ellos y ¿también Villarejo?-. Menos aún sabemos de los
militares que “juzgaron”, es un decir, a los revolucionarios antifranquistas.

Asimismo, desconocemos qué fue de esos párrocos que profanaron los cuerpos de los dos
jóvenes mientras los afrentaban con los óleos de una extremaunción nunca solicitada.

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