August 19, 2017

Franquismo y esclavismo

Antonio Pérez, miembro de La Comuna.

Franquismo y Esclavitud. Texto completo.

ÍNDICE

  1. Marcos semántico y sociológico

1.1. Arcaísmo

1.2. Sistema de castas

  1. Marcos económico y tecnológico
  2. Marco religioso
    • La escatología
    • El caso de los niños robados
  1. El esclavismo, hoy

Conclusión   

RESUMEN: Ensayo doctrinario-historiográfico sobre la terminología usada para definir al franquismo. Postulado: la acción o progreso social experimentado en España a partir de 1931, fue sustituida por una reacción de igual fuerza y sentido contrario que debemos denominar esclavatura (**). Características de este esclavismo: arcaizante en lo político –caudillaje primitivista o ‘ibero’ y sistema de castas- y en lo tecnológico –no sólo el gasógeno-, así como improductivo en lo económico –no sólo la autarquía- y de herencia perdurable –única nota común a todos los esclavismos-.

Una vez analizadas esas características, se define el franquismo como un régimen más monstruoso que el dictatorial y más duradero. Por ello, los herederos de esclavos y de esclavistas –estos últimos, actuales gobernantes-, encuentran serias dificultades para desprenderse del síndrome esclavista. El autor, que no es historiador ni filólogo, sospecha que tanto la trama como la conclusión no son ninguna novedad.

Palabras clave: arcaísmo, castas, esclavitud, franquismo, herencia, terminología.

 

(*) El arriba firmante es miembro ordinario de La Comuna. El presente ensayo no representa necesariamente el punto de vista de esta asociación.

(**) Esclavatura no es neologismo sino vieja palabra admitida en el diccionario.

Hoy, es relativamente habitual encontrar noticias y comentarios que hablan de “los esclavos de Franco”. Por lo general, con el calificativo ‘esclavos’ se alude a los prisioneros de guerra que fueron utilizados como mano de obra ‘esclava’ [1] en las obras públicas del primer franquismo. Este calificativo, ¿es pura retórica o hipérbole?, ¿sólo debe aplicarse a los vencidos que fueron obligados a escoger entre el paredón y la cantera?

Los párrafos que siguen intentan demostrar que llamar ‘esclavos’ a los republicanos prisioneros no es ninguna licencia retórica. Por el contrario, si por algo peca esta expresión es por reduccionista puesto que circunscribe el esclavismo a los obreros forzosos cuando, en realidad, lo padeció –padece- toda la sociedad. Y es que, según nuestro postulado de salida, el franquismo entero no debe definirse como “dictatorial” porque eso sería suavizarlo y adjudicarle una fecha de caducidad. En rigor, tal es nuestra tesis, fue algo mucho peor y, por ende, más duradero: no fue una Dictadura sino una Esclavatura o régimen esclavista [2] .

[1] Los casos son innumerables pero los más conocidos –hoy- son los que ilustran sobre la construcción del Valle de los Caídos, del ferrocarril a Burgos o de las obras públicas en general. Un titular reciente de un diario español resume su magnitud: “Medio millón de presos hicieron vías férreas, carreteras y pantanos” (Público, 13.III.2010) Dos días antes, otro diario español había manipulado este hecho –incontestable- con más insidia que abierta beligerancia contra los republicanos (cf. “Memoria de los esclavos de Franco… Entre 360.000 y 500.000 prisioneros en una década”; El País, 11.III.2010)

La realidad fue infinitamente más cruel que las cifras. Así lo pudo narrar una esclava que, por puro milagro y tras pagar un precio exorbitante, consiguió escapar a las Américas: “Y por todos los campos de concentración, fueron esclavos, trabajando la tierra bajo el sol, con grillos en los pies, y el látigo de los soldados moros en las costillas; la carne huyó de sus huesos; esqueletos vivientes” (O’Neill: 136)

[2] El primer estímulo para investigar sobre la esclavitud franquista nos llegó en abril del 2009 con la noticia del fallecimiento de la prolífica escribidora española Corín Tellado (CT) Pese a sus voluminosos ingresos, CT vivió eternamente amarrada a su máquina de escribir. Leyendo sus necrológicas, nos preguntamos: ¿cómo fue posible que uno de los pilares –voluntarios o involuntarios- de la cultura franquista viviera “como una esclava”? Su esclavitud, ¿fue una elección personal o estuvo determinada por un sistema político que controlaba tanto a sus súbditos como a los controladores de sus súbditos? Y, como correlato automático: ¿en la expresión “como una esclava” sobraba el adverbio como? Despojada de su retórica relativista, ¿la expresión debía, pues, entenderse literalmente?

Otrosí, es fama que CT (Mª del Socorro Tellado López, 1926-2009) escribió 4.000 novelas rosas y vendió 400 millones de libros. A su deceso, se pregonó en titulares que, en la intimidad, jamás pronunció la frase “Te amo”. Sospechamos que este silencio inverificable, de existir, pudo haber sido la justa compensación por las miles de veces que escribió la frase totémica de su industria. En cualquier caso, la dureza sentimental de CT –narrada en docenas de anécdotas no menos inverificables- concordaría con la archiverificada insensibilidad del franquismo.

 

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