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No es esperpento, es injusticia. No son torpes, son perversos.

Antonio Pérez, miembro de La Comuna.

RESUMEN METAFÍSICO Y NOTA BENE

En la España del siglo XXI, una fiscal y un juez secuestran legalmente a dos artistas acusándoles de defender ideas anarquistas. En la peor tradición franquista, el brazo bestia de la Ley enjuicia a las personas y no a los hipotéticos delitos. Estamos ante el proyecto fascista de una Justicia ad hominem, aberración que se integra con toda coherencia en la concepción caudillista-esclavista de la sociedad como yuxtaposición de individuos. A su vez, de este arcaísmo se deriva la estrategia política de impedir a toda costa que esos individuos se asocien.

El actualmente hegemónico segmento neofranquista del Poder Judicial español sabe que sobrevive gracias a la atomización de la ciudadanía. También sabe que depende de la pulverización civil –anomia, en términos sociológicos aproximados- en mayor medida de lo que dependen los otros poderes estatales. Todos ellos juntos, saben asimismo que la supervivencia de sus formas actuales correría grave peligro si, en los intentos para escapar de su servidumbre –más o menos- voluntaria, la plebe descubriera que sólo puede escapar del esclavismo abrazando las oportunidades que brinda el apoyo mutuo.

En cuanto a la base empírica de los párrafos que siguen, bástenos una sinopsis de la tragicomedia hiper-realista cuya representación ha llevado al secuestro legal de los dos anarquistas: una señora es violada por su casero quien, encima, la expulsa de su casa; una monja secuestra bebés; un policía siembra pruebas falsas y un juez dicta sentencias de muerte. Además, hay dos o tres muertes puesto que se trata de un argumento basado en hechos reales.

Sin embargo, pese a su aparente poca importancia para una Justicia neofranquista que siempre ha actuado y actúa contra las personas, en el antediluviano córtex de los justicieros ronda un postulado que subyace a su acción oficial: la sospecha de que la obra es sumamente peligrosa porque es auténtica cultura y, como tal, significa el único nexo entre la creación y la ciudadanía. Al oponerse radicalmente a la industria cultural, la cultura de estos artistas resuelve la dicotomía entre el individuo y la sociedad, entre el altruismo y el egoísmo. Item más, al dejar espacios de juego entre uno y otro, lo que según toda lógica social sería un beneficio, se convierte para el pleistocénico neofranquismo en un amenazador agravante.

Y es que la susodicha industria cultural -una bomba de neutrones contra la sociedad unida-, mediante el consumo masivo de la bazofia cultureta, embrutece al individuo. Le ofrece un simulacro de pertenencia al grupo social dominante mientras que, en realidad, le obliga a luchar contra el resto de los átomos de esa sociedad desintegrada. Fomentando la competitividad, aísla a las mónadas en el bunker del egoísmo y, de paso, les vacía los bolsillos. Fomentando el simulacro, les acostumbra a vivir a través de innumerables entidades mediadoras –todas ellas cosas mercantilizadas- prefigurando así su adicción al plasma cibernético.

Visto así, casi nos extraña que fiscal y juez no hayan pedido pena de muerte física para los dos artistas. Hasta hace poco, les hubieran agarrotado vilmente. Hoy, han tenido que conformarse con sentenciarles a la muerte civil y profesional.

NB.- Si no está de acuerdo con los siguientes seis axiomas o, simplemente, si duda de alguno dellos, es mejor que no siga leyendo. Acúsenos de maniqueísmo, de zafiedad discursiva, de negarnos al diálogo y de no respetar las opiniones que no compartimos. Y añada que hemos matado a los Santos Inocentes y toreado a los republicanos en Badajoz 1936. Pero es mejor que nos deje y que no pierda su tiempo porque NO los vamos a repetir letra por letra pero van a sobrevolar implícitamente el resto de estas notas.

Axioma 1: Los neofranquistas no son estúpidos sino malvados. No exageran sino que ven la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio. Su proceder oscila entre el sadismo puro y la comicidad involuntaria pero nunca es grotesco sino absolutamente injusto.

Axioma 2: La España post-franquista, está regida por una monarquía cuasi absolutista. En estas circunstancias, izquierda sólo es la extrema izquierda; el PSOE es la derecha algo civilizada “propia de los países de nuestro entorno” y el PP es la extrema derecha. El Centro, no existe.

Axioma 3: La derecha (a veces) un poquito civilizada y la extrema derecha –herederas de un régimen esclavista- llevan gobernando España desde hace cuarenta años por lo que, en este año 2016, vivimos una democracia de baja intensidad, vergonzante, traidora y esclava de la barbarie neo-franquista. En pocas palabras: España no puede ser llamada ‘país democrático’ ni siquiera siguiendo los laxos criterios de las (supuestas) democracias avanzadas.

Axioma 4: La Brigada Acorazada Mediática (BAM) está financiada y concebida como un ejército contra la Verdad. No sólo vulgariza siempre, se equivoca a veces, tergiverse a menudo o mienta de tarde en tarde: es que MIENTE SIEMPRE, sistémica y sistemáticamente. Miente en los datos, miente en las cifras y miente hasta en las glosas por la sencilla razón de que sus comentaristas de guardia son profesionales de la delación, adictos al lambis culis (lameculismo) y monaguillos de la incuria, la amnesia y el ‘donde dije digo, digo Diego’. De estos dicterios se salva parte de la ciber-prensa.

Axioma 5: La industria cultural es la peor enemiga de la auténtica cultura. No es una cuestión de grados en la escala cultural. La primera no es equis grados más o menos culta que la segunda: es que son antagónicas puesto que la industria cultural ha sido creada para asesinar a la cultura genuina. Luego definiremos nuestros conceptos tanto de “cultura” como de “industria cultural”.

Axioma 6: Quiérase o no, los niños son educados en la violencia –les guste o no a los propios niños-. Puesto que el mundo es violento, ocultárselo sería imposible. Todo ello es perjudicial o beneficioso según seas marginal o poderoso. Olvidar esta diferencia de visiones es negar la evidencia, engañar al niño y hacerse cómplice del Mal.

 

SINOPSIS DEL GUIÑOL EN CUATRO STANZAS

Ismael Moreno, un policía del tardofranquismo reconvertido en juez neofranquista y bastante condecorado con latón democrático, encarcela a dos artistas porque han osado representar una tragicomedia cuyo argumento, lo quiera el juez o no, es “de rabiosa actualidad”. La obra, titulada La bruja y don Cristóbal, discurre por los siguientes cuatro pasos, reales como la vida misma:

Primero.- Un muñeco que funge como El Propietario, viola a su inquilina –La Bruja- y la expulsa de su vivienda. Obviamente, este odioso personaje encarna a una de las peores enemigas de cualquier sociedad libre: la Propiedad. A su vez, la Bruja nos recuerda uno de los mayores crímenes que se han perpetrado contra las mujeres: el intento de exterminio de la mujer sabia, docta y altruista que, en el Occidente cristiano, se conoce como “la caza de brujas”. Un pensador-a-la-violeta podría decir que la obra cumple con la cuota de ‘violencia de género’ que debe satisfacer todo creador posmoderno.

Nosotros le responderíamos que la persecución contra las brujas no es de ahora sino de siempre y que no se apoltrone en el telediario de hoy sino que, por ejemplo, estudie la parte que en este genocidio-feminicidio le corresponde a la Santa Madre Iglesia, no vaya a ser que la sicaria principal se vaya de rositas. ¿Cree acaso que a Hipatia la despedazaron los moros y a las de Zugarramurdi los marcianos? Pues no, en los dos casos fueron piadosísimos hombres de Iglesia. O hembras porque no somos feministas de esos hipócritas que dicen amar a todas las mujeres, Isabel la Católica, la condesa Báthory (610 doncellas torturadas hasta la muerte y después canibalizadas) y Margarita Thatcher incluidas.

A este último hiper-feminista le preguntaríamos: ¿cree el posmoderno que, como fachas máximas, las muy católicas Carmen Polo de Franco o Pilar Primo de Rivera no tuvieron vínculo espiritual alguno con el asesinato de quince mujeres –cuatro dellas, embarazadas- y de un niño en la Grazalema del 1936? ¿Se sorprendería el cursi si supiera que todavía hoy no se sabe cómo fueron asesinadas pues no fue por bala, bayoneta, cordeles o estacazo sino, quizá, por enterramiento en vida? ¿Que ello nos aleja de las brujas históricas? ¿Y cómo me demostraría el violetero equidistante que ninguno de los verdugos franquistas consideró unas brujas a las paisanas –y al niño- de Grazalema?

Segundo.- En el forcejeo por salvar su vida y en defensa propia, La Bruja mata al Propietario. Pero la Bruja ha quedado embarazada: da a luz y aparece una monja -La Religión- que intenta secuestrar al bebé. La heroína defiende a su tierno vástago y, en un segundo forcejeo, mata a la reverenda.

Algunos violeteros se horrorizarán con tantos homicidios. Pues mejor recuerden la diferencia entre asesinato y homicidio-en-el-grado-que sea. Y, asimismo, recuerden que estamos en un género dramático –el guiñol- impensable sin garrotazos. Por ello, ante este segundo homicidio, obligado en defensa propia no menos que el primero, sólo cabe exclamar que ojalá ocurrieran más a menudo aunque, con integérrimos machotes y fundamentalistas cristianos como Moreno, para cualquier mujer es arriesgado defender su propia vida o la de su bebé.

En cuanto al realismo de la escena, la historia reciente de este país nos recuerda que padecemos no menos de 30.000 bebés robados. Si en republicanos por las cunetas superamos ampliamente al número de desaparecidos en Argentina o en Chile y por ello somos –tras Camboya- el segundo país del mundo en tan ignominiosa escala criminal, en esto de los bebés robados es probable que seamos record mundial. ¿O es que tenemos que mencionar el caso de sor María Gómez Valbuena, la Hermanita de la Caridad imputada en el año 2012 por el robo de centenares de recién nacidos? Y, aunque decimos centenares de secuestros estamos hablando sólo del pico de la puntita del iceberg aflorado en plena democracia porque si nos remontamos al apogeo del nacional-catolicismo, entonces tendríamos que hablar de decenas de miles –¿por qué no centenas?- de bebés robados.

Tercero.- Aparece La Policía; es decir, uno de los Cuerpos que mantienen al Estado por la Fuerza. El madero apalea a La Bruja hasta dejarla inconsciente y, con la torturada señora por los suelos, la siembra con la ahora famosísima pancarta “Gora Alka-ETA”. ¿Han reparado el juez y la BAM en que estamos ante los flagrantes delitos policiales de torturas, abuso de fuerza, falseamiento de pruebas y etcétera? Pues no. Todo lo contrario: se han volcado en criminalizar a la víctima, una aberración que los españoles llevamos padeciendo desde hace ¡ochenta años!

Nunca subrayaremos lo suficiente que, de entre todos estos supuestos ‘delitos’ cometidos por los dos artistas, al que más se han agarrado los justicieros y la BAM ha sido este de la pancarta. ¿Por lo que decía ese papelito menor que un folio? No, esa es la patraña que la BAM se ha empeñado en subrayar pero eso no les preocupa a los neofranquistas porque ellos no quieren que desaparezca ETA. De lo contrario, no llevarían seis años presos quienes intentaron pacificar el conflicto vasco por las buenas –Arnaldo Otegui y sus compañeros de desdichas carcelarias-. Para nada, ETA no tiene nada que ver en este atropello al arte. Dicho en letras gordas: el peor ‘delito’ de los titiriteros ha consistido en denunciar que la policía siembra pruebas falsas.

Ahora bien, que las policías de todo el mundo abusan de los detenidos es un axioma válido no sólo para las policías sino para todos los grupos de presión que gozan de poder excesivo -impune o cuasi impune-. Y la policía española no es excepción de esta regla satánica universal. De hecho, en esta misma semana hemos conocido un ejemplo policial-judicial-penitenciario que pone los pelos de punta: el holandés R.R. van der Dussen ha pasado doce años en las peores cárceles patrias aunque la policía española, ¡nueve años antes de que haya sido puesto en libertad!, había recibido oficialmente pruebas terminantes de su inocencia –análisis de ADN, etc.-. En “los países de nuestro entorno”, semejante proceder hubiera constituido un delito de secuestro con docenas de agravantes: negligencia criminal, homicidio en grado de tentativa continuada, dolo, prevaricación, abuso de autoridad y un larguísimo etcétera. Aquí, en esta esquina europea, la BAM no ve delito alguno, trata de olvidarlo y achaca el crimen a “la lentitud burocrática”. Ya, lentitud… ¿y por esa misma lentitud los supervivientes a la Talidomida y al aceite de colza no han recibido asistencia especializada ni cobrado un euro? Córcholis, pues entonces Dussen puede darse con un canto en los dientes porque lo suyo sólo ha durado una década y pico.

Cuarto.- Finalmente, surge la figura de El Juez quien, evidentemente, encarna la cuarta pata de los poderes que oprimen a la sociedad: La Ley. Como era de prever puesto que es acendrada costumbre judicial, sin pensárselo dos veces El Juez condena a muerte a la aperreada Bruja. Pero, ¡oh maravilla del Arte Utópico!, la Bruja se las apaña para, aprovechándose del sadismo congénito al justiciero, engañar al juez quien mete su cabeza en la horca y se ejecuta a sí mismo. Aunque no caerá esa breva, Happy End.

GLOSAS

Tal es la sinopsis del guiñol La Bruja y don Cristóbal por el que, sin juicio previo, ya han sentenciado a Raúl y Alfonso a la pena de muerte civil pues así debemos entender las injustísimas condiciones bajo las cuales les han sustituido la cárcel de Soto del Real por esa cárcel grande que es el Estado Español. En resumen, unas horcas caudinas –secuestro de herramientas de trabajo, amenazas a sus hipotéticos contratadores, obligación de recuento diario, difamaciones sobre su pasado, etc.-, pensadas para aniquilarles artística, profesional y humanamente.

Cuando se conoció el atropello policial-judicial, el sindicato al que pertenece al menos uno de los titiriteros (la CNT-AIT de Granada), en su primer comunicado de fecha 06.II.2016 resumió la intención de la obra: denunciar “la caza de brujas que el movimiento libertario ha sufrido en los últimos años, con los montajes policiales estilo Operación Pandora”.

Por sus evidentes similitudes procedimentales con el caso de los titiriteros, quizá no esté de más recordar el caso Pandora: la tal Operación comenzó a finales de 2014, cuando el juez de la Audiencia Nacional Javier Gómez Bermúdez –un magistrado ¡con fama de progresista!- ordenó prisión incondicional sin fianza para siete de once detenidos. ¿Detenidos por qué? Según el auto de procesamiento, en primer lugar por pertenecer a los GAC, Grupos Anarquistas Coordinados. ¿Existían los susodichos GAC? Sí, exactamente en la misma medida en la que existen los grupos de fibras estriadas que se coordinan en los músculos –salvo que se padezca ELA- o los grupos de aficionados a las habaneras que se coordinan para asistir a los festivales de habaneras –salvo que estén lejos-. Por ende, la acusación de asociación ilícita descansa exclusivamente en el pensamiento de los represaliados. Ergo, es un proceso exclusivamente ideológico.

Pero, además de que no le gustaran las ideas de los detenidos, ¿en qué hechos delictivos se apoyó el juez?: en que constituían un “punto de encuentro de violentos con fines terroristas que individualmente considerados y sin la debida coordinación no podrían lograr el objetivo final, ‘la lucha revolucionaria contra el Estado’ para provocar su colapso”. ¿Colapso del Estado?: noble aspiración compartida por Thatcher, Reagan, Pinochet y, actualmente, por la facción más libertariana de Ciudadanos. Pero seguimos intrigados: ¿dónde están los hechos?

Responde el auto: “Estos grupos actúan siempre de forma violenta, lanzando bengalas y petardos, incendiando contenedores, dañando el mobiliario urbano y la propiedad particular, provocando graves enfrentamientos con la Policía y agrediendo a aquel que les haga frente, imposibilitando así la convivencia normal entre ciudadanos a los que atemorizan alterando gravemente la paz pública”. ¡Qué horror! Estos GAC son realmente espantosos. No nos extrañaría que el juez los tildara de terroristas… si la Justicia presentara públicamente pruebas de la existencia física de los GAC y, sobre todo, evidencias de que sus miembros han protagonizado todas esas tropelías.

En buena ley, hemos de colegir que esas evidencias se acumulan en lo incautado por los Mossos D´Esquadra. ¿Encontraron bombas, armas, cuentas secretas en Suiza, huellas dactilares en algún asesinato, ADN’s sospechosos? Pues no. Lo único que encontraron fue ‘documentación anarquista’ (que es pública) y, de propina, una alusión a que la policía habría acumulado “decenas de indicios tanto de la unidad ideológica como de la estrategia para desestabilizar al Estado y alterar gravemente la paz pública”. Pero, por favor, ¡vamos a enfermar de tanto insistir!: ¿dónde están los hechos delictivos? ¿La unidad ideológica y la estrategia son delito? Pues entonces deberían ilegalizar a los partidos franquistas porque ellos sí presumen de monolitismo, concretamente nada menos que de unidad-de-destino-en-lo-universal. Y, en lo que atañe a la estrategia, ¡que le corten la cabeza a Napoleón!

Hemos reproducido in extenso el dichoso auto de la Operación Pandora porque es un prodigio de transparencia si lo comparamos con el auto del juez Moreno. Al menos, Gómez Bermúdez llamó a los anarquistas por su nombre. No como Moreno que se esconde tras un subjetivo e indefinible enaltecimiento del terrorismo. Dicho de otro modo, después de la promulgación de la Ley Mordaza, el bunker judicial se ha venido arriba.

EL LOBITO BUENO Y EL PRÍNCIPE MALO

Dejemos de marear la perdiz: el ex policía franquista Moreno ha (presuntamente) incurrido en un delito de prevaricación al encarcelar a dos ciudadanos por motivos ideológicos. Si, en lugar de unos anarquistas granadinos, hubieran representado esa obra una compañía inglesa de títeres de esas que, desde hace siglos, representan un famoso guiñol de Punch and Judy en el que al Policía le hacen salchichas, hubieran actuado en cualquier Festival Internacional y hubieran sido felicitados por la alcaldesa de la localidad.

Sin embargo, el juez Moreno ha sido fiel a su tiempo –el Pleistoceno- y no sólo ha empapelado a los titiriteros sino que, además, ha encarcelado a sus muñecos. Deducción automática: volvemos a los tiempos en los que ahorcaban a los animales acusados de bestialismo –sí, los pájaros disparando a la escopeta-. Tiempos no tan lejanos puesto que, en 1927, el Estado de Connecticut procesó a un perro por “molestar al gato de una vecina”. En cuanto a las marionetas, según ha recogido la prensa de estos días, Lord Byron contaba muerto de risa cómo una “marioneta ofensiva fue arrestada y presentada en el juicio como prueba de la fiscalía y una tarjeta clavada en su pecho que ponía corpus delicti“. Conclusión: como egregio patriota, el juez Moreno ha dado a conocer al mundo que la Marca España mantiene vivo ese rasgo de la identidad nacional que otrora nos hizo famosos en el mundo entero: la Inquisición.

Por otra parte, es justo señalar que el ex policía togado ha actuado congruentemente con su ideología puesto que, en efecto, el guiñol de marras discrepa de los valores occidentales. La descripción que hace de los cuatro pilares de la sabiduría estatal (Propiedad, Religión, Fuerza y Ley), encarnados en el casero, la monja, el policía y el juez está ajustada a la cotidianeidad. Su carga subversiva radica en que son excesivamente realistas. Es decir, que se les representa como lo que son: agentes deletéreos amparados en la impunidad, entidades que resumen los anti-valores que dificultan la convivencia.

En un mundo walt-disneyano en el que las Princesitas son las buenas y las Brujas las malas y en el que, además, el maniqueísmo exacerbado ha borrado las zonas grises, no queda otra solución que volvernos todos igualmente maniqueos. No está en nuestro natural pero los corruptores de menores no nos dejan otra opción más fina. El mundillo de La Bruja y don Cristóbal es el mismo que el guiñol infantil tradicional -un mundo de batallas entre extremistas del Bien y del Mal- y el mismo que se desarrolla en los dramas tanto clásicos como modernos. Otrosí, una de sus muchas gracias estriba en que los dos artistas desarrollan con gran profundidad la eterna tragicomedia, ahora en forma de guiñol lo cual ya es, en sí, una transgresión de las convenciones artísticas en boga. Debería estudiarse en las escuelas de Arte Dramático.

Resumiendo: por su vuelco a los estereotipos más perniciosos que todavía arruinan la psique infantil, la subversión de los títeres secuestrados pueden entenderse como una ingeniosa adaptación de aquellas coplas de J.A. Goytisolo que tanta fortuna tuvieron en la España de hace pocos años: “Érase una vez / un lobito bueno / al que maltrataban / todos los corderos. / Y había también / un príncipe malo / una bruja hermosa…”. Naturalmente, todas esas maravillas sólo pasaban “cuando yo soñaba / un mundo al revés”.

 

LAS OBRAS OLVIDADAS

El espectáculo de los dos héroes se anunciaba con un cartel que rezaba “A cada cerdo le llega su San Martín” y, además, de la obra maestra objeto de estas glosas, incluía otras dos obras que, desgraciadamente, el juez nos ha impedido conocer: Contra la democracia y un intitulado Manifiesto SCUM cuyas siglas destacaban gráficamente. Pocos comentaristas se han percatado de lo que realmente significó SCUM como acróstico de Society for Cutting Up Men (= Sociedad para castrar -o despedazar- a los hombres; como sustantivo, scum = escoria, basura) El Manifesto SCUM es un pasquín que escribió Valerie Solanas (1936-1988) en el año precursor de 1967; está considerado como un ejemplo extravagante de feminismo radical, al parecer, muy propio de una psicópata. Solanas estaría loca o cuerda pero el caso es que tan brutal calificación se justificó a posteriori encerrándola en varios frenopáticos, en especial después de que, en 1968, la escritora disparara contra Andy Warhol –ídolo de posmodernos perpetuamente demodés, mona vestida de seda, empresario con ínfulas artísticas y paradigma de la vaciedad más moderna… pero más rentable-.

Nosotros no tenemos ningún motivo para creer a la BAM sino todo lo contrario: si la banalidad entronizada dice que Solanas estaba majareta, nosotros suponemos de entrada que fue un prodigio de razón. Ahora bien, como gente sin prejuicios, no nos basta con nuestra intuición sino que investigamos todas las hipótesis. En este caso, nos preguntamos: ¿Solanas disparó a Warhol porque estaba realmente desquiciada o por algún otro motivo? La verdadera historia es muy sencilla de documentar: Solanas entregó a Warhol el manuscrito de un guion (Up your ass) sobre mendigos y putas misántropas pero, cuando se lo reclamó de vuelta, el Gran Artista adujo que se le había perdido. Un año después de este robo con agravante de ventajismo, Solanas desenfundó su revólver. No vamos a lamentar la escasa puntería de la guionista ni vamos a exonerarla de su delito; nos limitaremos a parafrasear el romance antiguo: “Señora se le castiga / pero no de esa manera / haberle dado tres hostias / y haberle mandao a la escuela”.

Tras su homicidio frustrado y su correlativo enésimo paso por el talego y/o loquero -¿hay diferencia?-, Solanas declaró que el Manifesto era sólo “un recurso literario y satírico para provocar el pánico” (comillas según Wikipedia) Recién liberada del manicomio, ¿hemos de creer las declaraciones de una mujer que de milagro ha conseguido escapar a los psiquiatras? En su caso, cualquiera se hubiera visto obligada a mostrarse contrita y arrepentida. Para evitar que las olas de mierda mediática ahoguen definitivamente a la sustancia del Manifesto, conviene recordar su tesis: los hombres han destrozado el planeta ergo tienen que ser eliminados para que las mujeres lo puedan reconstruir. La clave está en decidir el nivel óptimo de eliminación: ¿absoluto, relativo, parcial, total, periódico, permanente?

Que cada cual escoja lo que le plazca pero, antes de ejecutar su sentencia, quizá le ilustre conocer la reacción de Warhol: mientras Solanas purgaba su exceso en la cárcel, el Gran Artista Global se excedía promocionando su película Women in Revolt (1972, dirigida por Paul Morrisey y música de John Cale), panfleto fílmico en el que las militantes de SCUM son caricaturizadas como gorrinas afiliadas a PIG (Politically Involved Girlies, = Putas Politizadas) Señoría, no hay más preguntas.

Finalmente, es de agradecer la profundidad histórica que los dos artistas han demostrado con una simple alusión a aquella radicalidad que fue consustancial a los años 1960’s y en cuya (archi-denostada) herencia se inspiran los residuos democráticos que sobreviven en este cibernetizado y obsesivamente vigilado Occidente del siglo XXI. Claro está que aún más profundidad histórica han demostrado desempolvando a don Cristóbal, el villano de impronta lorquiana que gozó de enorme fama –y desprecio- popular… hasta que fue fusilado junto con la República.

¿ESPERPENTO O INJUSTICIA?

Los comentarios más escuchados a través de la BAM no giran alrededor de la injusticia patente en el auto judicial sino que se desvían hacia la sorpresa causada en los ciudadanos, en su ostentosa perplejidad o, simplemente, en lamentables confesiones de ignorancia supina. Verbalmente, lo que más se ha escuchado decir ha sido: “Esto es un disparate, un esperpento, este es un país de locos, no entiendo nada”, etc.

Los que fuimos criados en el tardofranquismo, contamos con una gran ventaja: desde pequeñitos estamos acostumbramos a desconfiar hasta de los datos más inocuos; por ejemplo, no nos creíamos ni el mapa del tiempo –a veces, ni la fecha-. Asimismo, conservamos en buen uso la técnica de la lectura entre líneas así que, “sacando juventud de nuestro pasado” como dice la canción, analizamos esos fraseos y llegamos a la conclusión de que son producto del miedo al neofranquismo. En puridad, quienes así se expresan quieren decir otras cosas. Por ejemplo, cuando dicen “esto es de locos”, debemos entender que no se atreven a verbalizar “estos jueces están locos”. Aun así, se equivocan porque los Moreno’s y sus combos les responderían cantando aquello de “no estamos locos / sabemos lo que queremos” pues lo que quieren es, simplemente, mantenerse en el ‘candelabro’.

Se nos llevan los demonios cuando los agachaditos se ríen de la torpeza de la derechona. Creen –o dicen creer- que Moreno & Co. han quedado en ridículo delante de Europa. Bastante que les importa sabiendo que sus amigotes de la extrema derecha dominan medio mundo… Hay que recordar que los neofranquistas llevan la traición impresa en su ADN puesto que así les enseñaron sus Padres Fundadores: Franco se sublevó al grito de ¡Viva la República! y el otro rey saltó por encima de su no-tan-augusto papá violando así el fundamento de las monarquías –la línea sucesoria- para, después, saltar por encima de su juramento de fidelidad al Glorioso Movimiento Nacional. ¿Por qué ellos habrían de ser menos?

Item más, ¿Europa les desprecia?: Europa sólo desprecia a los desheredados y ellos de herencia están bien servidos. Además, pertenecen a la ganadería de los “soy español, español, español”, “campeones oé” y “Que viva España” –por cierto, estribillos todos ellos importados de otros países-. Se han criado, ellos o sus abuelos, en la defensa numantina de su miseria moral así que su utopía es la autarquía española. Conclusión: no son torpes, son malvados.

Por otra parte, calificar de esperpento lo que es una colosal injusticia es instalarse en el simulacro. Cierto que están acostumbrados a vivir vicariamente pero eso no les autoriza a separar lo estético de lo ético, más aun cuando son profesionales de esa fealdad en grado máximo que ellos adoran y producen industrialmente. Señoras y señores agachaditos, a ver cuándo ustedes se dejan de eufemismos puesto que, mientras no haya cárceles por medio, su oligofrenia conceptual sería sólo lamentable pero, en medio de la represión cotidiana, lo suyo es punible.

Y, de postre, añadiremos que no sólo en la BAM sino en círculos que creíamos más sensatos, se oye decir que sí, que meter en el trullo a los titiriteros es excesivo pero… pero que el espectáculo era inadecuado para un público infantil. En una sociedad como la occidental alienada con cochambrosas mitologías de origen europeo pero de factura gringa, cuales son las series de las guerras intergalácticas, de niños magos que estudian magia en un colegio de pago o de policías de gatillo fácil, defender velis nolis que los niños de ahora pueden ver de todo es tarea más propia de un Hércules Rojinegro que de nuestras débiles fuerzas. Sin embargo, hemos de intentarlo:

¿Por qué un niño puede ver las miles de escenas violentísimas que les echan en su comedero audiovisual las grandes corporaciones llamadas ‘del entretenimiento’ y no puede ver unos títeres en los que la violencia –además de ser real como la vida misma- está mediada por las tradicionales convenciones del género y puede funcionar como antídoto contra la violencia hegemónica? Podríamos comenzar a discutir este extremo si antes se suprimieran las Star Wars con sus feísimos personajes y sus absurdos exterminios en el espacio, o se borraran de las ondas las ilusiones prefabricadas en una escuela tan guay que sólo puede producir frustración en quienes no tienen dinero para ir a buenos colegios o si abjuráramos chicos y grandes de la sangrienta pornografía que rezuman las series de unos policías y/o vaqueros tan homicidas como fuera de la ley.

Cuando los adultos dejen de consumir violencia enlatada, cuando boicoteen el 99% de los productos culturetas que atiborran el mercado, cuando la industria cultural no ahogue a la cultura, cuando la sociedad se organice y ello se pueda demostrar porque el varón haya dejado de dominar a la hembra y el niño al perro, entonces podremos comenzar a discutir sobre la violencia, sus posibles antídotos, la bruja, don Cristóbal y el sursum corda infantil. Pero, mientras la sociedad se refocile en la anomia, encarcele a los antídotos y las basuras planetarias conserven su hegemonía en la escena, el debate será imposible.

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