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Presos administrativos palestinos: muerte cerebral o cárcel. Por Luis Suárez y Antonio Pérez.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

Como colectivo de ex-presxs y represaliadxs de conciencia, esta noticia aparecida el 20 de agosto en El País sobre la situación de los presos palestinos en Israel, no nos deja indiferentes: Israel teme otras huelgas de hambre de presos palestinos sin cargos

Frente al revuelo mediático y político tan hipócrita generado en torno a la cancelación (luego anulada) de la actuación del cantante sionista norteamericano Matysiahu en el festival Rototom de Benicassim, este tipo de informaciones, sobre violaciones flagrantes y extraordinariamente crueles de los derechos humanos más elementales, constituyen en cambio una rutina que pasa totalmente desapercibida para los sensibles defensores de las libertades que se han escandalizado tanto con el caso Matysiahu.

Antes de comentar la información sobre los presos palestinos, un par de comentarios sobre el episodio Matysiahu: por una parte, la tergiversación torticera, una vez más, de una muestra de rechazo de la política colonial ilegal de Israel, presentándola como un atentado contra las libertades y/o una actitud antisemita. En esto los medios de comunicación y los políticos españoles no hacen sino ceder al chantaje y manipulación que en tal sentido aplican sistemáticamente tanto el gobierno israelí como los principales lobbies sionistas, tan poderosos ellos. A Matsyahu no se le boicotea por judío, sino por sionista y por alinearse en favor de las políticas fascistas del gobierno israelí hacia la población palestina, al parecer tiene una trayectoria bastante clara en este sentido.

La fabricación del tal Miller (“molinero”, apellido tan frecuente como Sánchez), por nombre artístico “Matisyahu”, comenzó disfrazándole de “hasidín” extremista (valga la redundancia), con tirabuzones, camisa blanca y tabardo negro. Pero sus jefes percibieron que, con esas pintas, su nicho de mercado era mínimo por lo que se fueron al otro extremo político y le fotografiaron con unos beduinos de guardarropía {delante de sus jaimas de pelo de camello, eran más fotogénicos que los árabes o los palestinos; excuso añadir que los beduinos del Neguev no tienen jaimas (las últimas están en el British o en el Mankind Museum) sino chabolas de lata siempre a punto de ser laminadas por los bulldozers de la IDF, a menudo en su versión ecologista Green Patrol). Pero, visto que ni por esas ampliaba el nicho comercial, le cambiaron la imagen por tercera vez: ahora va de pijo de Tribeca, pero desmelenado, eh?.

Antes de responder a la provocación cultural sionista, debemos calcular hasta dónde llega culturalmente su poder. Marco lógico (sí, el hoy anticuado logical framework): Israel es Experimental y, por tanto, su evolución está abierta; bien puede derivar en brutalidad contrarrevolucionaria (deriva arriesgada e incluso suicida) o bien puede perseverar en su actual brutalidad socialdemócrata (confortable pancismo de seudo-izquierda). Ahora bien, como la ideología hegemónica en Occidente es la socialdemócrata, sospecho que (hoy por hoy) seguirá instalándose en esa incongruencia del Terror Blando (oxímoron arropado por la Hipocresía, la Doble Moral, la Buena Conciencia, etc.). El daño está muy extendido: ¿quién no ha cantado-bailado esa versión del corro-de-la-patata que es Hava Nagila (por cierto, sospecho que plagiada a los gitanos)? Más aún: León Gieco, la finada Mercedes Sosa, el grotesco Fito Páez, Serrat y Sabina han actuado en Tel Aviv. Los tamborileros de Mayumana (un brasilero del montón saca más música tabaleando en una caja de cerillas que todos ellos imitando a las steel bands) actúan en España con guión y voz en off de Buenafuente. Etc. Lamentablemente, la intelligentsia española es sionista-versión-socialdemócrata. Aunque se disfrace con el pañolón kefiya.

Por otra parte, la reacción virulenta de los portavoces sionistas, tanto públicos como privados, muestra que la campaña internacional BDS (boicot, desinversión y sanciones) contra Israel realmente hace daño al sionismo, tal como vienen señalando desde hace tiempo sus impulsores y en general los movimientos pro derechos de los palestinos. Esto debe animarnos a seguir apoyándola y profundizándola en todos los frentes. La campaña BDS se debe extender a los capullos españoles que hacen negocio en Tel Aviv. A todos los que vampirizan el glosario de la izquierda para acusar a los pájaros de estar disparando a la escopeta (¿acaso no lo ha hecho incluso la otrora estupenda Mónica Oltra al tildar de apartheid a los valencianos del BDS?).

La comparación con las campañas mundiales de boicot al estado racista sudafricano del apartheid, entre los años 60 y 90 del siglo pasado, resulta también ilustrativa, porque, de un lado, las razones que entonces hicieron prácticamente unánime el apoyo al boicot a los productos y representantes del apartheid en la mayoría de los países occidentales son aplicables exactamente ahora al caso de la opresión israelí contra el pueblo palestino, lo que corrobora la hipocresía y doble rasero que aplican algunas “buenas conciencias democráticas”; pero de otro lado, es un ejemplo de la eficacia que una medida de ese tipo puede tener para acabar con un régimen de ignominia.

 

En cuanto a la situación en concreto del preso Mohamed Alan, abogado de profesión, de 31 años: se trata de uno de los cientos de presos palestinos retenidos sin acusación ni condena concreta en cárceles israelíes bajo la modalidad de “detención administrativa”, privación arbitraria de libertad repetidamente denunciada por las organizaciones de derechos humanos, incluidas algunas israelíes. Mohamed lleva casi 70 días en huelga de hambre, y recientemente su estado de salud se ha deteriorado gravemente. Tal como explica la noticia, las opciones que plantean las autoridades israelíes (en este caso el Tribunal Supremo) ante este deterioro son: hacer un diagnóstico de sus daños neurológicos tras habérsele inducido un coma por los médicos; si se comprueba que dichos daños son irreversibles, entonces, considerándole inofensivo, se le dejaría en libertad; en caso contrario se prorrogaría su detención administrativa de nuevo (puede hacerse legalmente de forma indefinida renovada cada 6 meses).
 
Resulta terrorífica la frialdad e impunidad con que se decide que una persona, contra la que no hay cargos concretos, sea mantenida en cautiverio, salvo que se compruebe que se ha convertido prácticamente en un vegetal. Aún así, los sectores más duros del propio gobierno israelí consideran esta una actitud blanda (una “capitulación”) y reclaman que se fuerce la alimentación a todos los presos palestinos en huelga de hambre… algo con lo que incluso el colegio de médicos israelí ha instruido a sus colegiados a negarse a colaborar.

 

Resulta imprescindible redoblar la presión internacional contra un régimen que actúa con tal saña contra todo un pueblo, y que compra y chantajea a la opinión pública mundial para mantener su impunidad.
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