La jueza Servini ordena la detención de Martin Villa, Utrera Molina y otros 18 imputados

franquistas

En el marco de la causa en que la jueza argentina Servini de Cubría investiga los crímenes cometidos durante la dictadura en España, sobre la base del principio de “justicia universal”, se acaba de conocer el auto por el que se pide la detención de los siguientes exministros, jueces y policías:

  • Exministro de Gobernación Rodolfo Martín Villa
  • Exministro de la vivienda y Secretario General del Movimiento José Utrera Molina
  • Exministro de la Presidencia del franquismo Antonio Carro Martínez
  • Exninistro de Trabajo Fernando Suárez González
  • Exvicepresidente Licinio de la Fuente
  • Exministro de Hacienda Antonio Barrera de Irimo
  • Exministro de Justicia José María Sánchez-Ventura Pascual.
  • Exministro de la Presidencia Alfonso Osorio García
  • Excapitan de Policía Jesús Quintana Saracíbar
  • Exintegrante del Consejo de Guerra Carlos Rey González
  • Exjuez Antonio Troncoso de Castro
  • Exjuez Jesús Cejas Mohedano
  • Exmédico Abelardo García Balaguer
  • Siete expolicías: Jesús González Reglero, Ricardo Algar Barrón, Félix Criado Sanz Pascual, Honrado de la Fuente, Jesús Martínez Torres, Benjamín Solsona Cortés y Atilano del Valle Oter.

 Resolución completa de la Jueza Servini 31 octubre 2014

Orden detencion

Entrevista a Manuel Blanco Chivite, integrante de La Comuna presxs del Franquismo

Manuel Blanco Chivite

Josefina L. Martínez, La Izquierda Diario, 31.10.2014

Entre agosto y septiembre de 1975, 11 personas fueron condenadas a muerte por consejos de guerra del franquismo. Eran militantes antifranquistas y de izquierdas. Seis de ellos fueron indultados a último momento, pero cinco fueron ejecutados. Fueron los últimos condenados a muerte por el franquismo. Manuel Blanco Chivite era uno de ellos, acusado por su militancia en el FRAP y en el PCE (m-l).

Me acerco hasta el metro de Villaverde, en el sur de Madrid, para conversar sobre la actividad de La Comuna. Manuel me espera en El Garage, una editorial de literatura, arte y política, que comparte espacio con un taller de artistas. Rodeados de libros que llenan varias estanterías comenzamos nuestra charla.

Me interesa conocer la opinión de Manuel sobre los últimos años del franquismo y el período de la Transición española. La visión de un militante que fue protagonista de aquellos años y que sigue participando en las luchas actuales.

La crisis actual del régimen del 78 nos induce a preguntarnos por el momento histórico en que fue fraguado, y Manuel Blanco Chivite nos aporta su mirada crítica.

JM: Manuel, cuéntame ¿cómo y por qué se formó La Comuna?

MBC: La Comuna Es una asociación de represaliados y de presos y presas de la última época del franquismo, lo que se suele llamar el tardofranquismo, que se suele considerar desde mediados de los años ‘60 hasta mediados de los ‘70, hasta la muerte de Franco. Se forma en la primavera del 2010.

Por lo tanto un buen número de esas personas seguimos vivas y en actividad. Es una asociación que agrupa a estas personas que estuvieron en la cárcel o que fueron represaliadas en esa época.

La otra característica es que agrupa a personas que hemos estado en muy diferentes organizaciones. Hay gente que estuvo en el PC(ML), La Liga Comunista Revolucionaria, en las Juventudes Comunistas, en el PCE, en grupos nacionalistas de Euskadi, de grupos catalanes, etc.

Hay otras organizaciones de antiguos presos y demás que solo se circunscriben a un grupo específico, sobre todo el PC. Aquí ya desde el principio ha sido más variado, con la participación de compañeras y compañeros en Madrid, Castilla-León, Aragón, Cataluña.

Un tema que animó mucho el funcionamiento de La Comuna es la Querella Argentina contra los crímenes del franquismo.

En el manifiesto de presentación de La Comuna se define un tiempo histórico del que han sido protagonistas: “Ese fue nuestro tiempo: el franquismo tardío.” Le pregunto a Manuel su visión sobre esos años convulsivos.

MBC: En los últimos años del franquismo, en los años ‘70, aparece una izquierda a la izquierda del partido comunista, con gente joven muy activa y muy radicalizada en algunos casos. Ante esto la represión del régimen se recrudece. Es decir, después de haber estado ahí, aparentemente, un poco aplacada, la represión se recrudece.

Están las cifras de las personas procesadas por el Tribunal de Orden Público, las cifras de asesinatos en plena calle, por hacer una pintada, en un control de carreteras. Nosotros hemos hecho una recopilación de unas 55 o 60 personas asesinadas en los tres o cuatro últimos años del franquismo. Asesinadas simplemente porque si, por ir a una manifestación por ejemplo, porque estaban todas prohibidas las manifestaciones y habitualmente eran disueltas a tiros. No existían ni siquiera las balas de goma ni los gases lacrimógenos. No había más que tiros de pistola y ráfagas de ametralladora para disolver las manifestaciones. Y se encargaban de eso la Brigada Político Social y, de manera muy destacada, la Guardia Civil.

Al mismo tiempo que ocurre esto, ya hay determinados contactos entre sectores del antifranquismo y sectores del franquismo, determinadas exploraciones mutuas de cara a ver qué va a pasar después de la muerte de Franco.

Los inicios de la “Transición pactada”, como se la llama, no empiezan después de la muerte de Franco: hay indicios claros de que empieza antes.

De hecho cuando se celebra en Suresnes el famoso congreso del Partido Socialista, donde sale elegido secretario general Felipe González, éste viaja a Suresnes bajo la protección de dos miembros de los servicios secretos españoles.

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La memoria de La Comuna en Carabanchel.

La Comuna Carabanchel 26 octubre 2014

Radio Madrid, Cadena SER

La cárcel de Carabanchel se demolió hace ya seis años. El pasado 26 de octubre, asociaciones memorialistas, de DDHH, organizaciones políticas y asociaciones de vecinos han salido a la calle para pedir que en el solar en el que se encontraba la prisión, se construya un Centro por la Memoria de la lucha contra el franquismo. Solicitan, asimismo, que se cierre el Centro de Internamiento de Extranjeros (CIE) de Aluche, que hoy se encuentra en el antiguo hospital del centro penitenciario.

Entrevistamos a Chato Galante, ex preso en la Cárcel de Carabanchel y Manuela Bergerot, documentalista especializada en Memoria Histórica, ambos de la Asociación La Comuna, una de las asociaciones organizadoras.

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Carabanchel: un centro por la memoria Contra la represión de ayer y de hoy

Carabanchel por la memoria 26.10.2014

Jesús (SOS Carabanchel)

Manifiesto

Entre 1940 y 1944, más de 1000 presos políticos recluidos en Santa Rita hacían cotidianamente el recorrido que hoy hemos repetido, y construyeron en estos terrenos el recinto carcelario que sería el emblema de la represión franquista, la cárcel de Carabanchel. Lo hicieron en condiciones similares al trabajo esclavo, sin las mínimas normas de seguridad y con el único pago de la comida que les permitía seguir trabajando.

Durante años aquellos muros fueron testigos de la saña y la crueldad con la que el régimen militar fascista persiguió a quienes se resistieron a él, luchando por la libertad y la democracia, reivindicando una sociedad mejor, más libre y más justa. Pero también aquí se reprimió a homosexuales, a otros condenados por la ley de vagos y maleantes y, en general, a quienes no comulgaban con aquella España de cuartel y sacristía, construida sobre la opresión y explotación de los sectores más débiles de la sociedad.

En aquel recinto se desarrolló una constante lucha de resistencia y supervivencia: huelgas de hambre, motines, celdas de castigo, torturas, aislamiento y todo tipo de sanciones. Aquí funcionó el garrote vil, de aquí salieron a lo largo de su historia para ser asesinados personas como Cristino García en 1946, Julián Grimau en 1963 o José Humberto, Ramón y José Luis en 1975, los últimos fusilados por un dictador moribundo y aquí, en 1978, Agustín Rueda fue torturado por los carceleros hasta su muerte.

Pero, por encima de aquella represión feroz, entre estos muros se construyeron también los más fuertes lazos de compañerismo y apoyo mutuo entre los reclusos y en particular entre las reclusas, que sufrieron unas condiciones de cautiverio especialmente crueles. Además, año tras año y día a día, las familias y amistades de la gente presa, fundamentalmente las mujeres, escribieron aquí la más bella página de la solidaridad, que hizo posible la resistencia y multiplicó la exigencia de Amnistía, hasta convertirla en la reivindicación que terminó resumiendo la lucha contra la dictadura.

Por fin, en 1998, tras 55 años de funcionamiento, la cárcel de Carabanchel fue cerrada y abandonada por los sucesivos gobiernos que permitieron su saqueo sistemático durante diez años. Su proyecto, en plena fiebre del ladrillo, era especular con este suelo para terminar construyendo más y más pisos. Contra esos planes, ya desde 1995 el movimiento vecinal lleva luchando por la utilización de los terrenos para cubrir sus graves carencias dotacionales. Se plantea la construcción de un hospital, de zonas verdes, de centros sociales y educacionales… y además, demostrando que este pueblo no pierde su memoria, la propuesta vecinal incluía la conservación de una parte del recinto, el panóptico con su cúpula característica, como Centro de la Memoria de la lucha contra el franquismo.

Pero en octubre de 2008, Alfredo Pérez Rubalcaba, oficiando de ministro del interior del gobierno del PSOE, mandaba demoler la cárcel, con nocturnidad y alevosía, empezando por su característica cúpula, tratando con ello de enterrar, de nuevo, la memoria de la represión y la lucha antifranquista. Sólo quedó en pié el antiguo Hospital Penitenciario para cubrir funciones de Centro de Internamiento de Extranjeros, eufemismo con el que intenta disimularse a una auténtica cárcel que, saltándose los más elementales derechos, priva de libertad a unos seres humanos, porque les faltan los papeles que ese mismo gobierno se niega a otorgarles.

Seis años después, volvemos a este inmenso solar que se ha convertido en un páramo abandonado, en detrimento de los equipamientos vecinales necesarios y de la propia memoria histórica. Junto a este infame centro de reclusión, seguimos denunciando la insensibilidad del actual gobierno del PP hacia los derechos humanos y las reivindicaciones sociales de la ciudadanía y volvemos a reivindicar la memoria de todas nuestras luchas, pasadas y presentes.

Hoy también estamos aquí para reivindicar el cierre inmediato del CIE de Aluche, para que sean reconocidos plenos derechos a las personas aquí detenidas y al conjunto de migrantes.

Y para que en este edificio, antiguo hospital penitenciario y única construcción que han dejado en pie de la antigua cárcel de Carabanchel, se construya el Centro por la Memoria de la lucha contra el franquismo y de la represión que este régimen ejecutó.

Con todo ello queremos honrar la memoria de quienes lucharon por recuperar la libertad y la justicia social, y lo hacemos reivindicando el derecho a la justicia de todas las víctimas del franquismo: de quienes fueron detenidos, torturados y encarcelados; de las personas que fueron asesinadas y cuyos cuerpos yacen en fosas comunes, 38 años después de la muerte del dictador; de las madres y familias a las que robaron sus hijas e hijos; de las gentes condenadas al trabajo esclavo, el exilio o la deportación; de las niñas y niños maltratados en preventorios y reformatorios. Justicia que obliga a la derogación de la Ley de Amnistía y la anulación de los juicios perpetrados por los tribunales de represión franquista en aplicación de leyes fascistas.

Decir que se construyó la reconciliación sobre el olvido y un perdón, que ningún criminal franquista ha pedido, es una farsa y una nueva agresión. Para cerrar las heridas hay que empezar por garantizar a las víctimas todos los derechos establecidos por la Comisión de Derechos Humanos de Naciones Unidas, según los principios de Verdad, Justicia y Reparación. Para ello se deben determinar las responsabilidades de los crímenes de la dictadura y juzgar a sus autores. Sólo así es posible recuperar la verdad y reparar en lo posible el daño y el dolor causados.

En ese camino estamos, porque somos nosotros y nosotras quienes, para vergüenza de los sucesivos gobiernos, estamos abriendo las fosas y recuperando los restos de las víctimas del fascismo; quienes organizamos en todo el Estado actos de denuncia de aquella ignominia y de su encubrimiento por unos poderes que son sus herederos; quienes mantenemos la lucha contra la impunidad del franquismo con movilizaciones como la convocada todos los jueves en la Puerta del Sol; quienes, por encima de todas las triquiñuelas jurídicas, seguimos hoy reivindicando nuestro derecho inalienable a la Justicia, recogido hoy en la querella 4591/2010 presentada en Argentina “Por genocidio y/o los crímenes de lesa humanidad cometidos en España por la dictadura franquista”. Querella que es un proceso vivo y, haga lo que haga el gobierno de turno, logrará que aquellos crímenes sean juzgados en Argentina y en el Estado español.

Compañeras y compañeros sigamos por ese camino, porque el mejor homenaje que podemos hacer hoy a quienes combatieron por la libertad y la justicia social, es seguir su ejemplo y continuar su lucha.

VERDAD, JUSTICIA Y REPARACIÓN

 

La memoria de La Comuna en Carabanchel

 Carabanchel in memoriam. Luis Suárez y Chato Galante

Permítasenos, como ciudadanos con memoria, sobre todo, y también como antiguos usuarios, entonar un breve réquiem laico por el difunto inmueble. No se trata de hacer una evocación melodramática de los padecimientos vividos entre las rejas de Carabanchel por miles de luchadores antifranquistas, pero sí de ser conscientes de que la irresponsable decisión del gobierno implica un profundo desprecio a nuestra más reciente historia, y, en especial, a la gente que pagó con años de privación de libertad su desafío a la dictadura.

Artículo completo: Carabanchel in memoriam. Luis Suárez y Chato Galante. Viento Sur 101.Noviembre 2008.

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Cámara de fotos en Carabanchel. Luis Puicercús.

A finales del año 1972 en la prisión de Carabanchel se empezó a incrementar el número de militantes del FRAP encarcelados a consecuencia de la radicalización de las luchas en el exterior. Uno de ellos (“Juan”) y miembro de la U.P.A. (Unión Popular de Artistas, integrante del FRAP) tuvo la idea (genial) de introducir una cámara fotográfica en la cárcel a pesar de que estaba expresamente prohibido y su posesión podía entrañar sanciones. Se trataba de tener un recuerdo gráfico de nuestro paso por la cárcel y poder confeccionar un dossier para difundirlo en el exterior y potenciar de esa manera la solidaridad con los presos políticos.

A pesar de las duras condiciones de seguridad y vigilancia a que éramos sometidos, la cárcel de Carabanchel era una especie de gigantesco queso de gruyère lleno de agujeros por los que se podía introducir casi cualquier cosa.

Se decidió introducir una cámara a través de la comunicación con uno de los abogados solidarios (que no cobraban por sus servicios) que llevaba varias causas de presos políticos. A través de la familia se pidió el modelo de cámara más adecuado para realizar las fotos en condiciones tan adversas, además de los carretes correspondientes que, para evitar los flashes tenían que ser especiales (“plus-X”).

La acción iba a llevarla a cabo dos compañeros que compartían el mismo abogado. Lo más importante es que dicha acción había que llevarla a cabo en las mejores condiciones posibles de seguridad, ya que se jugaban una grave sanción disciplinaria, celdas de castigo y, posiblemente, la apertura de un nuevo sumario, además de la implicación del abogado.

Llegó un día cualquiera del mes de diciembre de ese año. A pesar de las fechas hacía mucho calor. Los dos compañeros, vestidos con amplios chaquetones o “tabardos” (para disimular la cámara) fueron llamados a comunicar con el abogado. Mientras uno no perdía de vista al funcionario de vigilancia, que curiosamente se llamaba don Benigno (que tenía un carácter totalmente contrario a su nombre, con una pinta de fascista que impresionaba), el otro iba recogiendo los pequeños paquetes que le iba entregando el abogado (la cámara estaba desmontada, claro) y escondiéndolos bajo las prendas.

Entre los nervios, el calor y la lógica tensión del momento, estábamos chorreando de sudor… había mucho en juego. El abogado, asustado por lo que le podía caer encima si se descubría lo que estábamos haciendo, estaba blanco como el papel. Pero la realidad es que pudimos regresar a nuestra galería a pesar de nuestras extrañas “pintas” y sin ningún problema. Nunca entendimos cómo nadie se dio cuenta de lo contradictorio de nuestro atuendo con el tiempo que hacía.

Una cámara en el interior de la galería suponía un riesgo adicional para la organización y sus militantes, así que todo lo relacionado con ella se llevaba con la más estricta clandestinidad y seguridad. La mayoría de los compañeros no sabía de la cámara más que estaba en la galería. Tampoco conocían el sistema por el que había entrado. Cuando no se utilizaba se escondía en el doble techo de las duchas, que también servía como depósito de publicaciones clandestinas y libros prohibidos en la cárcel. El escondite sólo lo conocían dos compañeros, que pasaban la información a otros cuando eran trasladados a otras prisiones.

Hacer las fotos era algo más complicado y también se empleaban estrictas medidas de seguridad para evitar que fuese detectada por los funcionarios y evitar la requisa de la cámara y las fotos ya tomadas. Se movilizaba a media docena de compañeros, unos haciendo bulto, otros tapando con sus cuerpos el ángulo de visión de los funcionarios, sujetando puertas o vigilando. Por esa razón nunca salieron en las fotos la totalidad de los compañeros.

Algunas fotos fueron excepcionales, incluso merecedoras de algún premio o la participación en algún concurso fotográfico. Algunas fueron tomadas a escasos metros de los funcionarios y de otros presos o tomadas con el policía de vigilancia de la garita mirando hacia el grupo… nadie se percató y se pudieron seguir tomando fotos durante meses (más de un centenar).

Estas fotografías, con pleno derecho, deberían formar parte de la memoria reciente de nuestro país. Suponen un pequeño recuerdo de la lucha antifranquista que llevaron a cabo cientos de hombres y mujeres que dieron su bienestar, su libertad, incluso su vida, por conseguir una sociedad libre, mejor y más justa.

¿Quienes son los 15 exfuncionarios de la dictadura que el Fiscal ha pedido citar a declaración?

Muchxs de nosotrxs llevamos prestando nuestro testimonio desde hace 39 años, es hora de que hablen los responsables de la dictadura. Toda la escala de la represión, desde los carceleros, torturadores, los policías, piquetes de fusilamientos, hasta los ministros franquistas, la Iglesia y quienes financiaron la dictadura. Es hora de que hablen, y lo hagan ante la Justicia.

Los 15 exfuncionarios que el Fiscal ha pedido declaración indagatoria por existir “estado de sospecha” son:

Más franquistas citados al banquillo

GERARD JULIEN/AFP/Getty Images

Fiscal Ramiro González y Jueza Servini. GERARD JULIEN/AFP/Getty Images

Página12, 22.10.2014

El fiscal federal Ramiro González pidió citar a declaración indagatoria a 15 exfuncionarios del dictador español Francisco Franco y sugirió a la jueza federal María Servini de Cubría evaluar “la viabilidad” de que se aplique el protocolo con que se investiga la apropiación de niños durante el terrorismo de Estado en Argentina, para eventuales casos ocurridos en España.

González pidió la declaración indagatoria por existir “estado de sospecha” del exministro de la Presidencia del franquismo Antonio Carro Martínez, del exvicepresidente Licinio de la Fuente, del exministro de Hacienda Antonio Barrera de Irimo y del exde Justicia José María Sánchez-Ventura Pascual.

También del exministro de la Presidencia Alfonso Osorio García, del exintegrante del Consejo de Guerra Carlos Rey González, del excapitan de Policía Jesús Quintana Saracíbar, del exjuez Antonio Troncoso de Castro y de siete expolicías: Jesús González Reglero, Ricardo Algar Barrón, Félix Criado Sanz, Pascual Honroado de la Fuente, Jesús Martínez Torres, Benjamín Solsona Cortés y Atilano del Valle Oter.

En el marco de la causa en que Servini de Cubría investiga los crímenes cometidos durante la dictadura en España, sobre la base del principio de “justicia universal”, el fiscal también impulsa que se pidan medidas de prueba referidas al rol de la Iglesia española en el franquismo, según el dictamen al que accedió Télam.

Ramiro González pidió librar orden de detención y extradición para tomarle declaración indagatoria a Abelardo García Balaguer, por el caso de una de las víctimas del franquismo, María Flor de Lis Díaz Carrasco. La jueza deberá decidir si hace lugar a las medidas pedidas por la fiscalía.

González solicitó librar un exhorto a España para que se remita “copia autenticada de toda la documentación, tanto los archivos oficiales como los reservados, existentes respecto de la detención, tortura y fusilamiento” del expresidente del gobierno catalán Lluís Companys i Jover, entre otras medidas de prueba sobre lo ocurrido con la víctima.

Además estimó que “se debería determinar la existencia de procesos en el Reino de España donde se investiguen los hechos por sustracción, retención y ocultación de menores” denunciados en la causa.

“Habría que solicitar a la Ciudad del Vaticano que remita toda la información que obre en sus registros respecto de la participación de la Iglesia Española en la creación de la cárcel de Zamora, País Vasco, España”, consideró el fiscal entre otras medidas de prueba pedidas en referencia al rol de la Iglesia.

González pidió además que se ordenen exhumaciones en fosas comunes de cementerios españoles en busca de familiares de querellantes en la causa. Y concurrir en persona junto a la jueza al Castillo de Montjuic, en Barcelona, para “conocer el lugar donde se llevaron a cabo parte de los hechos de los que fuera víctima” el ex presidente catalán Lluis Companys I Jover “junto a miles de personas” y obtener “información al respecto”

La memoria de La Comuna en Carabanchel

Presos Galería Carabanchel Foto de la tercera galería de la Cárcel de Carabanchel. 1974

Muchos años después. Manuel Blanco Chivite

Hace tiempo que ya no existe la cárcel de Carabanchel. Durante una época, cualquier ciudadano sin hacer ningún mérito, podía visitarla acompañado de un amable guía encargado de exorcizar los fantasmas más horrorosos de tan cercano pasado.

Hace unos años, una amiga mía visitó el tenebroso recinto y preguntó al amable guía por la ubicación de las llamadas celdas bajas. El amable guía le dijo que tales ergástulas jamás habían existido. Cuando me lo contó, me palpé el cuerpo, el costillar, las piernas, la cabeza y comprobé que, indudablemente, yo seguía estando ahí. La duda sobre mi propia materialidad surgió del exacto recuerdo que conservo de los 45 días que pasé en la galería subterránea denominada, ya lo he dicho más arriba, CPB – Celdas de Prevención Bajas-.

¿Estuve, quizás, en un lugar inexistente? ¿Existió realmente aquélla mañana del 27 de septiembre del 75? ¿Existió el franquismo o fue tan solo una larga siesta de un pueblo dócil bajo la mano paternal de un general con alguna querencia autoritaria?

No es un tema frecuente en mis conversaciones, pero cuando alguna vez se tercia hablar de todo aquello con personas de menos de treinta años, les resulta difícil creerlo. ¿No sucedería todo eso en algún lugar inexistente? Sin embargo, ocurrió y duró sus buenos cuarenta años. Y no hubo ni paternalismo ni docilidad…

En fin, para terminar, no tengo sino que disculparme por haber estado en una galería de la muerte inexistente y haber sobrevivido para contar ciertas inconveniencias. Seguramente, no capté, en el momento debido, el espíritu de la transición y de su peculiar capacidad para hacer que las cosas no existan.

Celdas de Castigo en la Cárcel de Carabanchel. Luis Puicercús. Propaganda ilegal. Itinerario de prisiones 1972-1975. El Garaje Ediciones

Las celdas de castigo de la cárcel de Carabanchel estaban situadas en un anexo a la Sexta galería, al lado del Reformatorio (donde estaban internados los reclusos políticos y comunes menores de edad). Para acceder a esta zona había que atravesar la Quinta galería. Al final, en un extremo, se encontraba la entrada a otra pequeña galería presidido por un cartel que decía CPB (Celdas de Prevención Bajas).

Y, en efecto, eran bajas, ya que aquella zona era, en realidad, una galería subterránea situada por debajo del nivel de los patios. Disponía aquella galería de un pasillo central y dos laterales, situados en paralelo. El pasillo central discurría entre dos paredes de cemento y desembocaba en una pequeña garita de funcionarios y en una mesa de madera. En este lugar se desnudaba y cacheaba a los reclusos antes de su internamiento en la celda.

Ocasionalmente, ese reducido espacio servía para que los funcionarios golpeasen a alguno de aquellos obligados inquilinos. Se ensañaban especialmente con los acusados de algún intento de fuga, ya que como ellos mismos explicaban “ponían en peligro sus puestos de trabajo”. Uno de los que sufrió esa irracional agresión fue el compañero libertario, miembro de los Grupos Autónomos, Agustín Rueda. Este compañero fue acusado de la excavación de un túnel junto a seis internos más. Identificados por la dirección de la cárcel como los responsables de ese intento de fuga, fueron interrogados y salvajemente torturados por los funcionarios de Carabanchel. Agustín no consiguió sobrevivir y murió el 14 de marzo de 1978.

Se podía acabar en celdas de castigo por infinidad de causas, reflejadas la mayoría de ellas en el Reglamento Penitenciario. El recluso era juzgado por una denominada Comisión de Régimen Disciplinario de la prisión, formada generalmente por el director, el subdirector, el cura, el jefe de servicio y el maestro-censor. Se exponían los hechos, reales o no, por los que se juzgaba al recluso y se le imponía una sanción, castigada generalmente con períodos de internamiento en “régimen de aislamiento” (no las denominaban “celdas de castigo”). En realidad, juzgado y preso dentro de la cárcel. Esas sanciones impedían al preso la posibilidad de “redimir” las penas a cambio de trabajos en el interior de la prisión (se contabilizaba tres días por cada dos trabajados). También se le prohibía al preso las visitas y las comunicaciones escritas.

Se accedía a las celdas por los estrechos pasillos laterales: a un lado, las puertas cerradas con cerrojos, al otro una pared y, en lo alto, unas pequeñas ventanas con rejas que daban a dos patios. Las celdas de castigo eran bastante más pequeñas que las normales. En medio de ellas había una puerta enrejada que las dividía en dos partes. La más pequeña de ellas, hacía el exterior, tenía una puerta de madera chapeada con planchas de hierro, con un ventanuco en el centro. Encima de la puerta había una tablilla donde se escribía con tiza el nombre del castigado. Cada puerta tenía tres cerrojos. El preso estaba en la parte interior de la celda, en un espacio de unos tres metros cuadrados.

Facilitaban al preso un colchón y una manta -increíblemente sucios-, además de un plato, un vaso y una cuchara metálicos. No se disponía de ninguna clase de productos para la higiene, ni ropa, ni nada. El colchón y la manta se guardaban durante el día en la parte exterior de la celda y sólo se podía tener acceso a ellos por la noche.

Las celdas de castigo no tenían ningún tipo de iluminación ni ventilación. La única luz por el día venía a través de las ventanas de la galería y por la noche provenía de las bombillas del pasillo. En el interior de la celda sólo estaba la taza del váter y un sucio cubo de plástico.

Se tocaba “diana” a las siete de la mañana. Un funcionario abría las dos puertas, facilitaba al castigado una también sucia escoba y un preso común llenaba el cubo de agua. Con aquella exigua cantidad de agua había que lavarse, beber, hacer la “limpieza” de la celda y usarla para el váter, ya que no existía cisterna.

A lo largo del día no se podía estar sentado en el suelo ni apoyado contra la pared, ni mucho menos tumbado. La única alternativa consistía en pasear por la celda o quedarse quieto, pero nunca sentado o echado. Los funcionarios amenazaban “con entrar” si se incumplían aquellas normas. Cada vez que entraba un funcionario en la celda había que colocarse contra la pared del fondo y con las manos en la espalda.

Se controlaba al preso a cualquier hora del día o de la noche a través del “chivato” (orificio reglamentario situado en la puerta de la celda, situado a la altura de los ojos, que permitía vigilar, sin ser vistos, el interior de la celda).

Para hacer más insufrible la estancia del castigado, los funcionarios más sádicos -la mayoría-, echaban cubos de agua en el interior de la celda. Una parte de aquella acababa absorbida por las paredes, que rezumaban humedad durante días.

Una semana en el interior de aquellas mazmorras era una auténtica tortura. Algún compañero que estuvo en su interior vio alguna inscripción de tal o cual preso común que había permanecido allí encerrado hasta ¡seis meses!

Muchos años después, cuando la cárcel dejó de funcionar, se permitió a quien lo solicitase, visitar el lugar donde habían estado encarcelados. La mayor parte de aquellas visitas las solicitaron presos políticos encarcelados durante la etapa franquista. Para tal evento pusieron a disposición de los expresos un guía que explicaba aquellas estancias. Al ser preguntado por la ubicación de las celdas de castigo, aquel bien aleccionado guía afirmó rotundamente que aquellas nunca habían existido en aquella prisión.

Mani 26O: Carabanchel: un centro por la memoria. Contra la represión de ayer y de hoy

pancarta carabanchel 26 octubre 2014

  • Para reivindicar el cierre inmediato del CIE de Aluche y que sean reconocidos plenos derechos a todas las personas migrantes,
  • Para que en ese edificio, antiguo hospital penitenciario y único edificio que han dejado en pie de la antigua cárcel de Carabanchel, se construya un CENTRO POR LA MEMORIA de la lucha contra el franquismo,
  • Diversos colectivos memorialistas y defensores de los derechos humanos, convocamos:

MANIFESTACIÓN DOMINGO 26 DE OCTUBRE A LAS 12HS

Lugar de salida: C/ Eugenia de Montijo 53, Madrid. (antigua cárcel de Santa Rita)

Madrid, a 22 de octubre, 2014.- El próximo domingo 26 de octubre, seis años después de la demolición de la Cárcel de Carabanchel, se convoca una manifestación para seguir denunciando la insensibilidad del gobierno hacia los derechos humanos y las reivindicaciones sociales de la ciudadanía.

El recorrido de la manifestación reproducirá aquel que hicieron más de 1.000 presos entre 1940 y 1944, para construir la cárcel de Carabanchel. Representativa de la represión hasta en sus cimientos, fue construida por el régimen franquista en condiciones de trabajo esclavo.

Reivindicaremos el cierre inmediato del CIE de Aluche y que sean reconocidos plenos derechos a las personas migrantes. Y para que en este edificio se construya el Centro por la Memoria de la lucha contra el franquismo y de la represión que este régimen ejecutó.

Con todo ello queremos honrar la memoria de quienes lucharon por recuperar la libertad y la justicia social, y lo hacemos reivindicando el derecho a la justicia, verdad y memoria de todas las víctimas del franquismo. Teniendo también presentes a las personas que en la actualidad ocupan este espacio represivo.

La manifestación incluirá una escenificación realizada por ex presos del franquismo y por inmigrantes, para visualizar en dos hilos de tiempo la represión de ayer y la de hoy.

Al final del recorrido se leerá un manifiesto, contaremos con la música de La Solfónica y se expondrán nuevos murales entre los que participa ALTO, artista colaborador habitual de causas por la Memoria, y quien colgará un mural inspirado en el lema de la manifestación.

plano mani 26 Octubre Carabanchel

 

Relación de colectivos convocantes:

La Comuna Presxs del Franquismo

Asociación para la Memoria Histórica

Asociación 1º de Mayo

SOS Carabanchel

Asociación Pro Derechos Humanos España

Asociación de Vecinos Carabanchel Alto

Ateneo Republicano de Carabanchel

Foro por la Memoria Comunidad de Madrid

Agrupaciones del Pce-Pcm de Carabanchel y Latina

CUO Dolores Ibárruri – UJCE Carabanchel

Parroquia San Carlos Borromeo

Círculo Ciudadano de Inmigrantes Podemos

PC (m-l)

Republicanos Moratalaz – Vallekas

Izquierda Anticapitalista

Izquierda Unida (Latina)

Asociación Integrando y el Movimiento Tierra y Libertad Madrid

SOS Racismo Madrid (Miembro de la Campaña por el Cierre de los CIE)

Comisión Cerremos los CIE del Ferrocarril Clandestino

Podemos Carabanchel-Latina

Brigadas Vecinales de Observación de los Derechos Humanos

Sabino Cuadra le pregunta al nuevo Ministro de Justicia sobre el cumplimiento de las recomendaciones de la ONU en materia de Justicia, Memoria y Verdad, sobre la abolición de la Ley de Amnistía del 77, sobre los presupuestos para las víctimas de la dictadura y sobre la tortura hoy en el Estado español.

La permanencia durante 35 años de mandos de la Guardia Civil, de la prolongación en nuevas generaciones de la policía ha provocado una cultura de la tortura intacta.

La permanencia de la tortura desde la BPS hasta hoy cuenta a favor con una banalización de la misma, con el objetivo de ocultarla, y con cierto grado de legitimidad social. La tortura ahora se ha sofisticado, pero persiguen lo mismo, despersonalizarte, anularte.

La lucha contra la impunidad de la represión de ayer es la lucha contra la represión de hoy.